A la hora de elegir un violín es fácil dejarse llevar por su aspecto. Un barniz bonito, una madera muy flameada o un acabado envejecido pueden llamar inmediatamente nuestra atención. Sin embargo, un violín no se valora únicamente por lo que vemos. La calidad de la construcción, el ajuste, los materiales, la comodidad al tocar y, sobre todo, el sonido son factores mucho más importantes. Además, cuando hablamos de un violín antiguo, la cuestión se vuelve todavía más compleja: que un instrumento tenga muchos años, una etiqueta antigua o un aspecto envejecido no significa necesariamente que tenga un gran valor económico. Las características visuales pueden darnos pistas, pero la valoración de un instrumento antiguo requiere experiencia. Si sospechas que tienes un violín de valor histórico o económico elevado, lo recomendable es consultar a un luthier o experto especializado.
¿Qué hace que un violín sea bueno?
No existe una única característica que determine la calidad de un violín. Un instrumento puede tener una madera preciosa y no sonar especialmente bien. Otro puede tener una veta menos espectacular y ofrecer una respuesta y un sonido excelentes. Por eso conviene valorar el instrumento desde varios puntos de vista:
- Calidad de las maderas.
- Construcción y proporciones.
- Calidad del barnizado.
- Estado de conservación.
- Trabajo del diapasón y del mango.
- Puente y alma.
- Clavijas y cordal.
- Ajuste general.
- Comodidad al tocar.
- Sonido y respuesta.
- En el caso de un instrumento antiguo, autenticidad y procedencia.
1. El color y el barniz
El primer elemento que solemos percibir es el color. Los violines pueden presentar tonalidades amarillas, doradas, anaranjadas, rojizas o marrones, dependiendo de la madera, el tratamiento aplicado y el tipo de barniz. Pero el color no nos permite determinar por sí solo la calidad ni la antigüedad de un violín. También podemos encontrar instrumentos modernos con acabados que imitan deliberadamente el aspecto de los instrumentos antiguos.
¿Qué significa violín "antiquizado"?
El término antiquizado o antiqued hace referencia a un acabado en el que el constructor reproduce determinadas características visuales asociadas al desgaste natural de un instrumento antiguo. Puede incluir zonas de desgaste, cambios de color, pequeñas marcas o un barniz con apariencia envejecida. Es una cuestión estética y artesanal. Por tanto, un violín que parece tener 200 años puede ser completamente nuevo.
2. El flameado de la madera
En el fondo y los aros de muchos violines podemos observar un dibujo parecido a ondas o a la piel de un tigre. Es el conocido flameado del arce. Un flameado pronunciado puede resultar muy atractivo y es habitual encontrarlo en instrumentos de mayor precio, pero debemos tener cuidado con una conclusión demasiado sencilla: Una madera más bonita no significa automáticamente un violín mejor. La calidad del instrumento depende de cómo se ha seleccionado y trabajado la madera y, posteriormente, de toda la construcción. Una buena forma de observar el flameado es mover el violín ligeramente bajo la luz. Las bandas de la madera parecen desplazarse y cambiar de intensidad.
3. La voluta
La voluta es una de las partes más características del violín. Al observarla podemos encontrar diferencias enormes entre instrumentos. En algunos casos presenta un tallado muy limpio, simétrico y preciso. En otros puede ser más sencillo o incluso algo tosco. La voluta puede darnos información sobre el nivel de trabajo del constructor, pero tampoco debemos utilizarla como una regla absoluta. Un instrumento económico puede tener una voluta sencilla y un instrumento histórico de gran valor puede presentar características que, para un observador inexperto, parezcan incluso imperfectas. La experiencia del luthier es fundamental para interpretar correctamente estos detalles.
4. Los filetes: algo más que decoración
Los filetes son las líneas de madera incrustadas alrededor del borde de la tapa y del fondo. Tienen una función estética, pero también ayudan a proteger los bordes del instrumento. En un instrumento bien construido, los filetes están correctamente incrustados y siguen las curvas del violín. En instrumentos económicos es posible encontrar filetes simplemente pintados sobre la madera. Este detalle puede ser una pista interesante para conocer el sistema de construcción utilizado.
5. La tapa de abeto
La tapa es una de las partes fundamentales del violín. Habitualmente está construida con abeto, una madera ligera y con buenas propiedades acústicas. Al observarla podemos fijarnos en la veta. Es frecuente encontrar tapas con una veta bastante regular y relativamente estrecha, pero no debemos pensar que una veta perfecta garantiza un sonido perfecto. En la construcción de un violín intervienen muchos factores. El grosor de la tapa, el abovedado, la distribución de las masas, las características de la madera y el trabajo realizado por el constructor tienen una influencia mucho mayor que la simple apariencia de la veta.
6. El fondo y los aros
El fondo y los aros suelen fabricarse con arce. En muchos violines podemos encontrar un bonito flameado que hace que estas partes sean especialmente atractivas. Al observar el instrumento desde diferentes ángulos podemos comprobar cómo cambia el dibujo de la madera con la luz. También debemos observar que las curvas sean fluidas y estén bien resueltas. Las formas del violín no son simplemente decorativas: forman parte de un diseño acústico y estructural desarrollado durante siglos.
7. Las efes
Las efes son otro elemento especialmente interesante. Su forma, longitud, posición y relación con el resto del instrumento pueden ayudarnos a identificar modelos y escuelas de construcción. Muchos violines modernos están basados en modelos históricos. Por ejemplo, los modelos inspirados en Stradivari presentan determinadas proporciones y características que los diferencian de otros modelos. Pero aquí encontramos una cuestión fundamental: Un violín construido según un modelo Stradivari no es un Stradivari. El nombre del modelo hace referencia al diseño utilizado como inspiración, no necesariamente a la autoría del instrumento.
8. Mango y diapasón
Para un violinista, la comodidad del mango y del diapasón es fundamental. El diapasón suele ser de ébano, una madera dura y resistente. Debe estar correctamente trabajado y presentar una superficie uniforme. También debemos comprobar que el mango y el diapasón estén correctamente alineados con el cuerpo del instrumento. Una forma sencilla de hacer una primera comprobación es mirar el violín desde la voluta hacia el puente. Si observamos que el mango se desvía claramente hacia un lado, conviene que un profesional lo revise.
9. El puente
El puente es una pieza pequeña, pero fundamental. Es el punto de contacto entre las cuerdas y la tapa y transmite las vibraciones al instrumento. Por eso no basta con que el puente sea de buena calidad: debe estar correctamente adaptado al violín concreto en el que se instala. La altura, la curvatura, el grosor, las patas y las ranuras de las cuerdas son aspectos que debe trabajar correctamente el luthier. Un puente mal ajustado puede hacer que un buen violín parezca mediocre. Y esto es especialmente importante cuando probamos instrumentos de segunda mano. Antes de juzgar definitivamente el sonido de un violín conviene asegurarse de que su puente, alma y demás elementos estén correctamente ajustados.
10. El alma
Dentro del violín encontramos una pequeña pieza cilíndrica de madera llamada alma. Su posición tiene una enorme importancia en la respuesta acústica del instrumento. Un desplazamiento muy pequeño puede modificar el equilibrio entre las cuerdas, la respuesta y el carácter sonoro. Por eso no es una pieza que debamos manipular por nuestra cuenta. Su colocación debe realizarla un luthier con las herramientas y conocimientos adecuados.
11. Las clavijas
Las clavijas deben permitir afinar el instrumento con precisión. Deben girar suavemente, pero al mismo tiempo mantenerse firmes cuando dejamos de ejercer presión. Si una clavija resbala continuamente o resulta muy difícil de girar, el problema puede estar en la propia clavija, en su ajuste o en el estado de los orificios. Un buen instrumento merece unas clavijas correctamente instaladas.
12. El cordal y las cuerdas
El cordal también influye en el comportamiento del instrumento. Podemos encontrar cordales de ébano, boj, palisandro y materiales sintéticos, entre otros. Su peso y diseño pueden modificar ligeramente la respuesta del violín. Las cuerdas tienen igualmente una influencia enorme. Dos violines pueden parecer muy diferentes simplemente porque llevan juegos de cuerdas distintos. Por eso, al comparar instrumentos, es interesante saber qué cuerdas lleva cada uno y, si es posible, realizar las pruebas en condiciones similares.
El factor que no podemos olvidar es el sonido
Después de hablar de madera, barniz y construcción, llegamos a lo más importante para el músico: el sonido. Un violín debe responder bien al arco, resultar cómodo y ofrecer un sonido equilibrado. Al probarlo podemos fijarnos en:
- La facilidad con la que comienza a sonar.
- La respuesta al arco.
- La claridad de las notas.
- El equilibrio entre las cuatro cuerdas.
- La potencia.
- La proyección.
- La riqueza de armónicos.
- La facilidad para tocar en posiciones agudas.
- La respuesta con diferentes dinámicas.
Y hay otro pequeño truco: que otra persona toque el violín mientras nosotros lo escuchamos desde cierta distancia. El sonido que percibe el violinista mientras toca no siempre es exactamente el mismo que escucha el público.
Ejemplos de violines actuales de calidad
Para poner en práctica todo lo anterior, podemos analizar tres instrumentos comerciales: el Gliga Cristian Extra, el Antonio Wang Venezia y el Antonio Wang Verona. Los tres son instrumentos nuevos y presentan acabados antiguizados. El aspecto envejecido que presentan forma parte del acabado del instrumento y no significa que sean instrumentos históricos.
El Gliga Cristian Extra se describe como un instrumento fabricado artesanalmente en Rumanía.
- Tapa de abeto seleccionado.
- Fondo y aros de arce muy rizado.
- Diapasón de ébano.
- Filetes incrustados.
- Clavijas, botón y barbada de ébano.
- Cordal de ébano.
- Barniz al aceite.
- Acabado antiguizado.
- Cuerdas Thomastik Dominant.
El modelo Venezia de la marca Antonio Wang se presenta con:
- Tapa de abeto.
- Fondo y aros de arce europeo muy rizado.
- Diapasón de ébano.
- Filetes incrustados.
- Clavijas, botón y barbada de ébano.
- Puente Despiau Superieur A.
- Cordal de ébano.
- Barniz al alcohol.
- Acabado antiguizado.
- Cuerdas Thomastik Dominant.
La descripción señala además un control de los grosores de las maderas y del abovedado durante el proceso de construcción.
El Verona comparte muchas características con su hermano Venezia:
- Tapa de abeto.
- Fondo y aros de arce.
- Diapasón de ébano.
- Filetes incrustados.
- Clavijas, botón y barbada de ébano.
- Puente Despiau Superieur A.
- Cordal de ébano.
- Barniz al alcohol.
- Acabado antiguizado.
- Cuerdas Thomastik Dominant.
Resumen
Elegir un violín es mucho más que escoger el instrumento que nos parece más bonito. El color, el barniz, el flameado, la voluta y las maderas pueden enseñarnos muchas cosas, pero son solamente una parte de la historia. La verdadera calidad de un instrumento está en el conjunto: cómo está construido, cómo está ajustado, cómo responde y cómo suena. Y cuando hablamos de un violín antiguo, debemos añadir una última cuestión, su autenticidad y procedencia.
Los modelos actuales como el Gliga Cristian Extra, el Antonio Wang Venezia y el Antonio Wang Verona demuestran además que un instrumento nuevo puede utilizar materiales tradicionales, construcción artesanal y un acabado envejecido sin ser un instrumento histórico. Por eso, antes de comprar un violín, mira, toca y compara.
